28 sept. 2007

Changes

Hacía tiempo que no hablaba de mi vida de una forma directa en este blog. En los últimos meses han ocurrido muchas cosas y este lugar ha sido una ventana de desahogo en la que he vertido sentimientos, pero siempre envueltos en un matiz de cierto toque literario o más o menos con algún hermetismo.

Ayer sobrevino un cambio totalmente inesperado y que está en otro plano totalmente diferente. Después de unos cuantos años trabajando en el mismo sitio, va a haber un pequeño traslado. Digo pequeño porque seguiré en el mismo periódico y en la misma área -economía-, pero dejaré de trabajar íntegramente en Internet para pasar a formar parte de un equipo todoterreno que escribirá para papel, Internet y un suplemento.

En la práctica eso supone que cambiará mi horario y, sobre todo, mis compañeros. El cariño que me ha mostrado la gente cuando he contado el cambio me ha emocionado mucho. Y hasta ahora he podido evitar las lágrimas, aunque no sé si podré hacerlo todo el tiempo que queda hasta que se consume el traslado a mediados del próximo mes.

Estoy contento, aunque también queda cierto poso de tristeza. Éste el final de mi etapa en un proyecto que fue muy ilusionante durante mucho tiempo, aunque en los últimos meses se ha ido desmoronando poco a poco todo el equipo. Para otros el final aquí llegó hace un tiempo y a mí me ha tocado ahora. Me da pena ver cómo mi salida está siendo un 'palo' más para los que se quedan, que ven un horizonte nada alentador.

Eso sí, todos parecen entender mi decisión y están de acuerdo en que es lo mejor. Ahora queda mirar hacia delante. Tengo ganas de demostrar que puedo hacerlo bien y de aprender y mejorar. Todavía quedan muchas líneas en blanco para ser escritas.

Un abrazo, os dejo con Bowie,

J.

27 sept. 2007

Minihistoria

Cogió su vaso de whisky y lanzó una mirada desdeñosa a aquel cuerpo de carnes blandas que yacía sobre la cama. Todavía desnuda y con una sonrisa apenas perceptible, se calzó los zapatos, de un color rojo tan intenso como las manchas, aún calientes, de las sábanas.

Fue a por los pantalones y cogió el gran fajo de billetes que había en los bolsillos. Se perfiló de nuevo los labios, con tranquilidad y perfección, sin ningún titubeo en sus manos pese a que poco antes habían acabado con una vida. Ahora la sonrisa era más evidente. Cogió el abrigo y, vestida sólo con él, sus zapatos resonaron por el apartamento como los cascos de un caballo sobre el asfalto.


Fuente de inspiración: el sonido de los zapatos de una chica por la calle Saturnino Calleja.

25 sept. 2007

Noche en blanco




La noche en blanco volvió a ser un éxito de público. Calles abarrotadas, autobuses hasta arriba, metro cerrado y colas, muchas colas. Es extraña esta ciudad. Uno puede acercarse al Botánico cualquier día por la tarde y pasear prácticamente solo. Pero si en los medios de comunicación te bombardean toda una semana con publicidad, para entrar en el Botánica la fatídica noche uno puede tener que esperar un buen rato en la cola y verle el careto a cientos de personas...

Nuestra noche en blanco tuvo velas, caricias y hasta una minisesión de cuentacuentos. Se celebró en nuestra pequeño hogar y no hizo falta pelearse con borrachos en la cola de un museo que abre todos los días. La primera vez me engañaron y la segunda la disfruté mucho más en casa. Para la tercera propongo una versión alternativa de noche en blanco con vino, amigos, juegos, cuentos y anécdotas. Creo que haremos un grato favor a la cultura con esa alternativa.

10 sept. 2007

Golpe a golpe



Y en sus fotografías mostraba una odiosa sonrisa. Los labios estirados y el pelo largo recogido en una larga cola. En la playa o con corbata. Pensó entonces que aquella sonrisa era robada, como lo fueron aquellos besos. Toda la alegría que le había sido sustraída la mostraba él sin disimulo. No le gustaba odiar a nadie, pero en esta ocasión no podía evitarlo. De haber podido, hubiera golpeado su cara con el puño bien cerrado y con todas sus fuerzas. Le hubiera hecho sangrar, golpe a golpe, hasta que su mano no pudiera más. Los dedos, sangrientos, podrían limpiarse con las lágrimas que, a buen seguro, le caerían desde sus ojos. Sus propias lágrimas saladas escociendo sobre los dedos rotos. Y habría remordimiento. Probablemente sí. Todo el remordimiento que cabe en una mente perdida por los celos.

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