19 may. 2005

MAR

PARTE 1: La Poesía


Noche

Árboles pelados, cemento frío y húmedo, farolas que tartamudean. Sus pasos resuenan en el aire, únicos testigos de la vida. Como una casa abandonada de improviso, así siente las calles de la ciudad cuando camina de madrugada.

Respira con fuerza el oxígeno helado de invierno, disfruta de la sensación de ser el único dueño de lo que pronto será propiedad de miles de viandantes y vehículos nerviosos.

Cada madrugada hace el mismo recorrido, así lo han decidido. Él escribe por la noche hasta que las manillas del reloj marcan la hora señalada. Coge entonces una pelliza y su paquete de rubio para dirigirse hacia el pequeño ático con olor a mar.

Mientras, en la habitación que deja, los poemas a medio hacer flotan y juegan entre sí empujados por el aire del norte.

Un basurero empapado, vigía y farero del amor furtivo, enciende un cigarro cerca del portal.

Las buenas noches suenan como el susurro cerca de un dormido y el espejo del ascensor devuelve el brillo de los ojos ansiosos de carmín.

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