6 sept. 2004

Homero, el selenita

Miraba por la ventana cuando de repente notó un gran temblor bajo sus pies. Entonces, advirtió cómo su apartamento -él incluido- se elevaba hacia el cielo. Intentó asustarse, pero no pudo, era tal su fascinación por aquel viaje inesperado.

Pensó en despedirse de los seres queridos pero el teléfono no funcionaba y el ordenador tampoco daba señales de vida. Cogió entonces un papel y escribió rápidamente: "Mamá, papá, hermanos, os quiero mucho. Me voy de viaje a algún lugar lejos, aún no sé exactamente adónde, pero volveré. Muchos besos".

Con el papel hizo un avioncito y lo lanzó por la ventana, su apartamento ya estaba muy lejos así que intentó apuntar lo mejor que pudo hacia la casa de su familia, en la zona suroriental de la Península.

Cuando ya estaba cerca de la Luna, empezó a sonar una música bellísima de violines y trompetas cuya armonía jamás había escuchado y que desafiaba todo lo oído durante su vida. Aquellas notas le hicieron flotar en el aire con perfecto control de sí mismo y mientras su apartamento mostraba su intención de aterrizar sobre la superficie lunar, él salió volando por la ventana y se dio una vuelta por la cara oculta, donde miles de rocas azuladas recitaban poemas cálidos para hacer frente al frío.

De vuelta a su apartamento, se sentó junto a su biblioteca y abrió un ejemplar de la Odisea, cuando de repente un anciano ciego, que no había visto jamás pero que no podía ser otro que Homero, saltó de las líneas del libro y comenzó a recitar hexámetros sin ningún tipo de preámbulo.

Cuando Odiseo llegó a Ítaca y expulsó a los pretendientes de Penélope, sólo entonces, Homero le miró con sus ojos inútiles y le preguntó si le apetecía dar un paseo. Él, emocionado por el hermoso relato, aceptó con agrado su invitación. Tras un breve caminar, el aedo le pidió que le describiera cómo se veía la Tierra desde allí.

Él le dijo: "Desde aquí, el planeta parece muy bello y silencioso. No se percibe ninguna huella del dolor de siglos de sangre derramada sin sentido".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Compañero andaluz. No sé si sabes quién soy. Me ha encantado tu relato, y no me he podido resistir a hacértelo saber.

"Homero le miró con sus ojos inútiles y le preguntó si le apetecía dar un paseo". Bravo.

Te regalo un par de mantras como agradecimiento:

"En verdad os digo que cualquier objeto que tengáis en el pensamiento, por bueno que sea, será una barrera entre vosotros y la íntima verdad".

Eckhart


"Felices aquellos que saben que detrás de todas las palabras hay lo que no se puede decir".

Rainer M. Rilke


"Llaneza, Sancho, llaneza, que toda afectación es mala"

Miguel de Cervantes.


PD: es la segunda vez que salgo en tu bitácora. Seguro que ya sabes de qué menda hablo.

jose dijo...

Hola compañero. He tardado unos minutillos en reconocerte, pero tu pista era lo suficientemente buena como para crear curiosidad y también para llegar a la resolución. Me alegro de que te gustara el texto, sobre todo porque apenas repaso nada. Y muchas gracias por tus mantras, se nota que eres mucho más leído que yo... Un abrazo.

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