5 mar. 2010

Vampire Weekend amenizan una fiesta en un piso de Barna



Vampire Weekend es el grupo indie del momento. Los neoyorquinos son unos superventas de mucho cuidado que están colgando el cartel de 'No hay entradas' en prácticamente todos sus conciertos.

Pero por lo visto también son unos tíos 'enrollaos'. La banda tocó el 27 de febrero en Barcelona y después salió a un bar de la ciudad a tomar una copa. Allí una chica les invita a una fiesta en una casa. Los chicos van para allá -yo echo en falta al de los teclados- y se lanzan a tocar un par de temas: 'A-Punk' y 'Cape Cod Kwassa Kwassa'.

Vía.

25 feb. 2010

Aznar, aprende de un maestro


Este es Johnny Cash, en su mítico concierto en la cárcel San Quentin, en 1969. Una foto histórica de Jim Marshall.

22 feb. 2010

El amor (no) era esto

Basado en una historia real -como la vida misma-

Hace ya muchos años llegué a pensar que quizá era homosexual. La duda duró poco porque en realidad me di cuenta pronto de que me gustaban demasiado las tías para ser gay. Por muchos discos de Fangoria y de Vainica Doble que tuviera, por mucho que fantaseara con bailar 'Go West' de Pet Shop Boys en pelotas, me tiraban más las mujeres.

Se puede decir que intenté ser gay pero fracasé, como he fracasado con tantas otras cosas en mi vida.

En aquella época escuchaba mucho a Astrud, que es un dúo de hombres muy machotes que se nota que van mucho al gimnasio y tienen como modelo musical -y estético- a Johnny Cash. Sólo hay que ver esta foto.



Yo flipaba con su primer disco, 'Mi fracaso personal'. La voz desafinada de Manolo que cantaba sobre las melodías sin encajar un solo verso y esos teclados a lo viejuno de Genís. Genial.

'El amor era esto' era mi canción favorita del álbum. Me desgañitaba cantando la letra en mi habitación del colegio mayor. Se la dedicaba a mi ex, una z***a que me había dejado. Y que me había dejado también con la autoestima por los suelos porque era frígida o algo parecido. Y yo tenía 19 años y estaba todo el día más caliente que el palo de un churrero, así que os podéis imaginar lo duro que era no culminar nunca.



Así que yo gritaba la letra, que me parecía escrita para mí, que estaba hecho polvo tirado en la cama y viendo porno de vez en cuando.

Voy a llamarte otra vez/Aunque esta vez/No tengo nada que decirte./Quiero que parezca/Que da igual/Que al otro lado/Tú estés pensando/En otra cosa./Voy a escribirte una postal/O una canción/O un cuento corto/O una carta/
Voy a pensar aún más en ti/Y a no olvidarme/De no dejar de recordarte./Y aunque te pueda parecer/Que todo esto es para ti/Pues no es así:/Lo hago porque quiero/Y porque/No me lo puedes impedir./Lo hago porque sí./Lo hago porque quiero.


Y entonces ocurrió algo maravilloso. Tuve que sacar un libro de la biblioteca de mi facultad. Uno de esos libros horrorosos sobre Teoría de la información o algún coñazo parecido. Y en la última página del libro, una de esas hojas en blanco, alguien había escrito esa letra.

El descubrimiento fue mágico. Había otra alma atormentada en mi facultad, un alma gemela que vagaba por el mundo y estaba por allí cerca, en ese edificio gris. Ahora a Astrud lo conoce bastante gente pero entonces era un grupo que sólo escuchaban machotes como yo. Es decir, cuarenta o cincuenta personas a lo sumo.

Y me vi de repente mirando a la gente de manera extraña. Intentando desentrañar quién había escrito aquella maldita letra en aquel libro de mierda. Pero nunca la encontré. Y entonces empecé a escuchar a Los Planetas, un grupo de maricones que no paran de quejarse de que les ha dejado la novia.

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